Y venga ilustraciones

¡Que jodido es esto de los concursos de carteles! Y a mi que me expliquen como huelen estos tíos a los que no nos gustan los festejos taurinos ni los petardos (humanos o de pólvora). ¡Y mira que lo intento!

Alguno va cayendo, pero la mayoría de intentos acaba en saco roto. Y es una pena, porque empeño le pongo un rato.

Por lo menos disfrutarlos vosotros: Ver más

La galga

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Ojo, cuadro gigante (creo que 1,80 metros de alto) Acrílico. Muy popero De lejos no creo que lo apreciéis pero está hecho con trazos bastante poco definidos y las grandes masas con paletadas de espátula.

 

Es carita, ya lo sé, pero es que la quiero mucho.

Es el hermano, claro, de la galga plátano y prima abuela de la serigrafía “galga movida” de la que algunos ya tenéis ejemplares.

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La galga movida

Serie de grabados: “Los Eunontes”

He empezado la tirada de la serie por este grácil eunonte corriendo. Grabados a una sola plancha y a una sola tinta con la plancha realizada por fotograbado partiendo de un original dibujado a lápiz y otra capa digital con un collage de fragmentos de grabado antiguo (Il tronfo di Julio Cesare de Andrea Mantenga 1431 – 1506)
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No los tenéis en la tienda online porque están en tiendas de grabado. Si no lo encontráis escribirme y os ayudo.

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“Ella” y los otros dibujos

Me he puesto en verano, sólo con un pincel y un bloc de hojas manchadas. Cada vez me gusta más el papel. El lienzo da miedo, sobre todo cuando llevas ya bastante hecho.  Sientes que en ocasiones el pincel ataca aterrorizado para no cagarla. En cambio el papel es alegría.

He regalado muchos, pero algunos quedaron digitalizados. Según los vaya ordenando los pondré en esta entrada.

ella

Ella

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Villa Rosario

El grabado de una casa con historia.

Dos buenos amigos, me han encargado el grabado de la casa familiar de Luarca, para regalársela a sus padres. La casa, fiel al estilo colonial, recuerda bastante al chateau Moulinsart de los cómics de Tintin. Ha sido la primera vez que me metía en un trabajo de estas carácterísticas, en el que no cuenta tanto la imaginación o la libertad creativa, como el intento, con una sola plancha y en pocas líneas, de crear un reflejo, lo más fiel posible, del alma de la bella casona.

Partía de una secuencia grabada en HD con un dron, en la que se hacía un recorrido por todos los balcones y partes de la casa, y se intentaba hacer un plano, lo más frontal posible respecto al eje de la fachada. De ese vídeo extraje un montón de pantallazos que me sirvieron para aproximarme a los artesonados, los relieves y los dibujos de la fachada. Con todo ello me hice una especie de alzado a lápiz, que digitalicé y acabé en el ordenador.

Gracias al trabajo de Jose, grabador del taller de obra gráfica (Pradillo), el trabajo quedó muy digno. Luego iluminé los mosaicos de alguna de las estampas con acuarela de color azul, y ¡voilá!:

Villa Rosario

Los óleos

El joven doctor F

El joven doctor F

 

Descubriendo la textura que el óleo puede sumar a las caras y los gestos de mis personajes habituales. Estoy ahora mismo trabajando en estas dos mujeres, Janna y Juana y en este pequeño monstruo, nieto del famoso doctor Frankestein. Tengo verdaderas ganas de llegar al acabado de este boceto y darle el color “bic naranja” a los bolis.

La historia de Janna, una princesa raptada, que vivió con el pueblo guerrero que la crió hasta que un día descubrió que poseía un reino. Juana, por Juana la loca, es tan sólo el principio de lo que sería su terrible destino.

 

 

Ya sabéis que no me tira el realismo, pero el mundo algo más oscuro y hasta triste de estos primeros tonos del óleo me están gustando.

Belmondo

Gracias a un encargo, traigo hoy a la memoria a Jean Paul Belmondo y os enlazo a leer un estupendo artículo firmado por Carlos Alcelay sobre este peculiar gigoló que alcanzó la fama en de la década de los 60 con su personaje en Al final de la escapada (1960) de Jean-Luc Godard, principio de una carrera arrolladora.

Jean Paul Belmondo: 80 años de adicción a las mujeres

Carlos Alcelay

A Geraldine Chaplin le asoma la sonrisa cuando le mencionan a Jean-Paul Belmondo. Los dos encabezaron el reparto de Secuestro bajo el sol en 1965, lo que le dio la oportunidad de conocer más de cerca a la por entonces nueva estrella francesa, el niño mimado por la crítica y por un club de fans femenino del que ya formaba parte media Europa.

Unos le juzgaban como el talento dado a luz por Jean-Luc Godard en Al final de la escapada (1960); otras explicaban su admiración en su mentón prominente envuelto en unos labios carnosos, en su nariz de boxeador, en ese aspecto de feo arrebatador, de alegre vividor. Ese fue el Belmondo que conoció Chaplin, la quintaesencia del seductor del que sus amigos podían esperar cualquier cosa menos aburrimiento. “En una ocasión, decidió organizar una fiesta en un hotel. Lo llenó de prostitutas e invitó a todo el mundo. Fue una fiesta maravillosa e indecente”, recuerda con simpatía Chaplin.

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