Los toreros muertos

Vaya por delante que lo mío con la tauromaquia es una relación de amor odio, amor por la iconografía clásica, la literatura e incluso el cine que bebe de sus historias, y odio por lo cruento y anacrónico de un espectáculo que necesita tanta sangre. Creo que pide a gritos otra revisión (ya tuvo alguna). Como lo valiente no quita lo cortés, tengo que admitir que la fuerza visual de la tauromaquia es enorme y, si consigues sacudirte los juicios, es hasta bonita. Y más bonita sería sin tanta sangre inútil. Yo desde luego disfruto pintando a pobres toreros que deberían ser valientes pero, por lo que sea, no lo son y en su mundo del valor nadie duda. Va por ellos: ¡Maestros!

Colección de serigrafías a 3 + 1 colores de 17 x 22 cm (la mancha)


Al hilo de esto del valor, os contaré que una vez asistí a una tienta, una prueba de vacas que pueden ser las madres de los toros bravos. Allí salía por primera vez al ruedo el hijo de una famoso ganadero. Bueno, más que salir lo empujaron. El chaval, en toda lógica, se apartaba de una vaca cabreada que iba a por el con ganas. Su padre desde el tendido le gritaba “¡Arrimate coño”! Arrimate no seas maricón!”. No era yo quien en aquella velada, pero tuve todas las ganas de decirle a aquel señor que su hijo no estaba loco y que demostraba tal sensatez y tal dominio de la lógica apartándose, que igual era un astrofísico genial, que hasta le podría retirar de por vida si no lo malograba en una de esas, y  no necesariamente homosexual, o sí, que más dará. Lo peor de esta fiesta es que está llena de “artistas” tan rancios como ese señor.

Y los encargos…

Que consiguen que me ponga a pintar toros, muy taurinos,  para regalar, como es el caso de este morlaco en sus versiones: Boceto a pastel y serigrafía a tres tintas.

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 La primera puya (21 x 30 cm) Mixta tirada 50 ejemplares.  “El toro de Torres” (50 x 70 cm) Serigrafía a tres colores.Edición de 20 ejemplares(ver tienda)